El estilo Pale Ale

Uno de los estilos más clásicos y a la vez populares de cerveza es el estilo Pale Ale. La palabra “Ale” hace referencia al tipo de fermentación con el que se elabora esta cerveza (alta fermentación producida por la cepa de levadura “Saccharomyces Cerevisiae”) y la palabra “Pale”, que indica el tipo de malta utilizada, una malta pálida. Su origen histórico tiene lugar en la ciudad de Burton-Upon-Trent, en el corazón de Inglaterra.

Esta ciudad presume de una larguísima tradición cervecera que empezó en su abadía allá por el siglo XI, y todo gracias a la abundancia de materias primas y agua de la que disponían, y también, ¿por qué no decirlo?, del tiempo libre y buen paladar del que gozaban sus monjes. Ya hacia finales del siglo XVII y principios del XVIII, los cerveceros de la ciudad (que ya no eran monjes) mejoraron el proceso de malteado utilizando una especie de carbón llamado coque. Gracias al uso de este nuevo combustible, se podía generar energía de una forma mucho más controlable que quemando madera, por lo que fue posible obtener malta de cebada mucho menos tostada y por tanto menos oscura. Gracias a ello, al usar esta malta para la elaboración de cerveza, ésta tenía también un color mucho más claro.

Poco a poco se fue popularizando el estilo Pale Ale en Inglaterra y se acabó imponiendo al estilo Porter, cerveza negra muy popular en la época, y a las cervezas más tostadas. Con la expansión de las cervezas industriales las Pale Ale sufrieron un gran retroceso que casi las lleva a su desaparición, pero gracias al resurgir de las micro-cervecerías en los últimos años ha vuelto a aparecer, y con más fuerza que nunca.

En general las Pale Ale son cervezas de cuerpo ligero- medio y carbonatación baja, lo que les da una gran “bebibilidad” (palabra inventada que, aunque da risa, define muy bien el concepto) y son muy refrescantes. Su color puede ir de amarillo a cobrizo y su espuma es blanca. La versión original inglesa (EPA) de este estilo suele dar un poco más de importancia a los sabores de la malta, con incluso algún toque a caramelo en algunos casos. En la versión americana (APA) en cambio, se da más protagonismo al lúpulo, dando lugar a cervezas más aromáticas y con sabores habitualmente cítricos, pero que pueden abarcar un amplio abanico de perfiles afrutados, resinosos y florales. Son cervezas en las que el amargor está bien presente pero nunca es protagonista.

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